MÚSICA Y BAILE DE TIERRA CALIENTE
Marco Antonio Bernal Avellaneda
LAS RAÍCES
Buscando el origen y esencia de la música y el baile terracalentanos, bien podemos localizarlos en los bailes y piezas musicales andaluces, los cuales, traídos a estos lugares por los españoles y sus trabajadores que se avecindaron entre nuestros antepasados durante las etapas de conquista y colonia, sembraron su cultura hispano-árabe-africana-gitana que pronto fue asimilada por nuestros tatarabuelos de sangre purhé y matlalzinga y posteriormente, por los descendientes de esas razas, próximas a fusionarse. Los rasgos musicales y litararios de la piezas denominadas de tierracaliente, revelan una innegable paternidad flamenca, en parte, en los detalles que emergen como flores delatoras de dicho parentesco…...Los redobles de la tamborita, cuando acompaña un gusto o un son, resultan ser seguras reminiscencias de los bailes andaluces; más indudable, resulta la letra y música que frecuentemente denuncia su génesis: “La malagueña de Tierra caliente”, “indias” “Remas” y, expresiones tales como: “prenda de mi alma”, “bien de mi vida”, “tirana”, “Morenita mía”, “Ave María”, así como otras formas de expresión literaria y musical que nos remontan a los géneros de siguirillas, soleares, fandangos, peteneras, malagueñas y otros del repertorio de los músicos que llegaron con los colonizadores, que dan mayor valor a lo asentado, ratificando el origen ya comentado de nuestro baile y música.
Es necesario señalar que siendo nuestra región propicia para cultivar ajonjolí, maíz, frijol, caña de azúcar, así como otros productos que fueron implantados por descendientes de españoles durante la colonia, quienes se constituyeron en los hacendados del porfiriato y gestores de una situación social, cultural y económica, política y religiosa que necesariamente habría de introducir como cánones los modelos de vida de España, es de advertir esa influencia que en todos sentidos tuvo mucho que ver, tanto en la clase dominante como como con sus trabajadores negros, indígenas o mestizos. Diversas clases sociales que también aportaron características muy distintivas a ese bagaje cultural que derivó en una mezcla bastante interesante por su variedad de formas y estilos y que es lo que hace de nuestra música y baile, géneros tan especiales.. .. Si observamos la estructura y contenido de un “gusto”, de origen español, que ya traía en su esencia rasgos rítmicos y melódicos de la península ibérica, así como árabes, de los cuales podemos apreciar claramente su influencia en los “lamentos” y “tiranas”, así como en las “malagueñas”, las “indias” y “remas” que son modalidades representativas de la tierra caliente. Es también, muy evidente que el ritmo del son manifiesta una marcada influencia de los bailes de negros. Aventurémonos a pensar, en torno a un son de tierracaliente muy conocido, cuyo título es “El Maracumbé”, debió inspirarlo el nombre e imagen de una negra frondosa llamada María Cumbe, a quien le fue dedicado; degenerando posteriormente en dicho nombre actual con el que conocemos a esa pieza....... Y, si no bastare ese detalle, convendría escuchar su peculiar estructura musical que, enmarcada en su ritmo y percusiones de la tamborita, sin duda nos transportarán a un lugar indeterminado de la selva africana.
Independientemente de lo anterior, los nativos del lugar, al aprender esos ritmos y asimilarlos a su temperamento y formas de ser y sentir, hubieron de imprimirles tanto al ejecutar su música y su baile, una personalidad peculiar y definida –muy particular- que los convirtió en lo que son actualmente, como manifestación genuina del arte de la tierra caliente.
LOS MÚSICOS
Refiriéndonos a la conformación de un grupo de música regional de tierraceliente, generalmente, se integra así:
A).- Dos violines (Primera y segunda voces).
B).- Guitarra sexta; pudiendo ser una o dos, según cada conjunto. En tiempos remotos, se empleaba una guitarra de manufactura especial y que tenía una caja de resonancia con una profundidad de 15 centímetros y un diapasón corto, diseñado originalmente de acuerdo al tamaño del brazo del ejecutante, con cuerdas elaboradas con tripas de chivo. Sus trastes se marcaban con cuerdas enrolladas en el diapasón. Su utilidad, cuando no llegaba a estos lugares la guitarra sexta, tal como la conocemos, era como instrumento de percusión con algo de armonía más, había ejecutantes tan diestros en su ejecución que, además de tocar “obligados” de algunas piezas, solían ejecutar partes melódicas. A esta guitarra antigua, se le llamaba “túa”. En la actualidad, la túa, a la que también se le denomina “guitarra panzona” ha desaparecido de los conjuntos de música regional, puesto que ha sido desplazada por la guitarra sexta.
C).- Una tamborita de fabricación local, cuyo vaso se elabora de un trozo de raíz de parota, que es un árbol frondoso propio de la región, al que se le extrae la madera interior, dejando sólo el “vaso”, que sirve de caja. Los parches se hacen de piel de chivo, dos aros de madera de acinchete, los cuales e tensan o aflojan con cuerdas de mecate, correas o piola y templaderas de cuero.
A manera de cuento, se refiere que algunos ejecutantes de tamborita le colocaban en un extremo, parches de piel de perro y, en el otro, de coyote... Como es sabido, el perro y el coyote son animales que no se llevan bien; así que, se decía que si el tamborero tocaba por el lado del perro, la fiesta concluía felizmente, más si se tocaba por el otro extremo, había pleitos que en ocasiones envolvían a la concurrencia en verdaderos zafarranchos...
Siendo eso, motivo de propósitos literarios, me concretaré a referir algo con referencia a:
LOS BAILADORES
La ejecución de la música y el baile de nuestra región es por gusto, y con afán de diversión; por lo tanto su propósito es profano y festivo, para ocasiones tales como: Bodas, bautizos, cumpleaños, así como otros festejos.
Los bailadores, un hombre y una mujer, van pasando de pareja en pareja, limitados por dos circunstancias: Una, su resistencia física y la otra, la ansiedad de las parejas que esperan su turno para demostrar también sus facultades dancísticas, de tal forma que la primera pareja inicia una competencia amistosa que se contagia a los asistentes......Las parejas bailan sobre una tarima que se coloca en la boca de una fosa rectangular aproximadamente de 70 x 200 y 80 cm., excavada en el suelo, en cuyo fondo se depositan dos cántaros con agua y, que entre la tarima, la cepa excavada y los cántaros, dan una explicable resonancia al zapateo de los bailadores quienes por parejas piden su oportunidad para ejecutar sus mejores pasos.
Tradicionalmente, se acostumbra bailar en la parte de cada pieza (son o gusto) donde no se canta; aprovechando la parte cantada para “hacer pasos” de descanso y recuperar fuerzas. El zapateo es la parte más difícil y es esa la oportunidad de “lucirse” cada pareja, dejando a sus sucesores en la “tabla” una especie de “muestra” que deberán superar con alarde de ritmo, gracia y contratiempos en los redobles que exaltan el brío de los “mirones”, quienes en frenética admiración hacia los bailadores, exclaman con júbilo:
-¡Voy polla!
-¡Yo, voy gallo!
-¡Voy polla, porque’ l gallo se and’hogando!
Y otras exclamaciones que, entre el ambiente impregnado de “Zihuaquio” (mezcal procedente de aquel lugar, en Guerrero) música, y ese espíritu bravío tan especial del terracalentano, elevan al clímax el entusiasmo en franco duelo entre bailadores y músicos…
Las parejas, en amistosa disputa por la tabla, esperan ansiosas, tomadas de la mano, viendo a los bailadores en turno, bañados en sudor, con la esperanza de que el cansancio les haga bajar de la tarima para dar paso al siguiente par de bailadores.
En nuestra época, son contados los bailadores que han ganado la admiración por su virtuosismo en la ejecución, sin embargo, es casi legendaria la fama que hasta estos días ha llegado de excelentes bailadores del rumbo de Zirándaro, Huetamo y Carácuaro, así “El chino” Tello, de las paredes, Juan “Laja” de la Laja; Eusebio Wences de la Puchímita, Carlos y Joaquín Alvarado, David Durán Naquid, de Huetamo, Michoacán, verdaderas joyas de la ejecución “a como era” el gusto y son de ese rumbo, de quienes sólo se podría mencionar, al decir popular “¡No tienen toro que se les pare enfrente, pa’l baile !”
Cuentan las gentes “de antes” que al calor del vino y euforia de la música y baile, afloraban manifestaciones expresadas en verso, (desafíos, piropos, o reclamos) por medio de la poesía popular en forma de “relates” que son versos breves que ya sabían o improvisaban al momento; así, hasta los desafíos por cuentas pendientes se manifestaban en verso:
“ Al pasar un puente de oro
tres trompezones me di.
Vengo a montarle a un toro,
o a un chivo de los de aquí “ *
“ El amor que tú me diste
murió cual leve quimera;
por lo tanto ya no existe
ni te pido que me quieras:
Tan volubles, ni de chiste
¡ Ni que tan sólo tú fueras ! “
“ pensarás que me das mueca
con pasar y no llegar;
eres tonta y no reflejas
que ya hay otra en tu lugar.
No bonita como tú,
pero sí, particular “
* Recopilado de “El gallero” de Xavier López Ferrer. Los otros, escuchados en San Lucas.
ALGO SOBRE LOS AUTORES DE MÚSICA REGIONAL
Indudablemente que el mejor homenaje a un artista consiste en concederle reconocimiento a su obra: Por ese motivo, señalaremos como autores de mayor renombre a
ISAÍAS SALMERÓN PASTENES. Indígena, nacido en Tlapehuala, Guerrero, de cuna humilde pero de fantásticos alcances creativos que no tuvieron límites. Ideó una clave a base de símbolos para “escribir” sus obras. Fue llamado a tocar al Palacio de las Bellas artes en México, Distrito Federal. Por su baja estatura, el pueblo le llamó de cariño “El chicharito”. En contraposición con su diminuta figura, la naturaleza, con afán compensador, le dotó de notables dones que ya hubiera envididao el más competente músico de academia.
Su obra fue versátil, pues lo mismo compuso un son, un gusto, poesía, valses, polkas... Y hasta una obertura: “El célebre”...
Un despectivo músico, amparado en sus elevados estudios académicos, a la salida de una audición que ofreció el grupo de Salmerón en Bellas Artes, lo abordó y le dijo:
-Oiga, máistro: ¿Es cierto que usted sabe escribir nota? A lo que contestó don Isaías, humildemente:
-No señor, no sé escribir por nota. Yo ideé una clave y de ella me valgo para recordar mis piezas. Socarrón, el profesional, le dijo:
-Que interesante... A ver, escriba esta parte. Salmerón, obediente, tomó papel y pluma y, de primera intención, captó aquella parte que su juez le imponía como prueba.
Terminó Salmerón -casi simultáneamente al dictado- su escritura. Entonces, su crítico, cruel le inquirió: -Ahora sí léame, máistro. ¿Que escribió?
–Se lo voy a leer, ojalá no tenga errores. Tomó su violín y le repitió impecablemente y de primera intención, -on sentimiento, nclusive- esa parte que se había dictado, dejando boquiabierta a su inclemente juez... Este detalle singular denota el valor artístico de Isaías Salmerón, de quien mucho se habló... …Hasta se le atribuyó tener pacto con el diablo; que su violín estaba encantado: Que lo dejaba solo y que el instrumento, por su cuenta, ejecutaba melodías en ausencia de su dueño. La vida de Salmerón, fue salpicada con detalles pintorescos: Tuvo la dicha de disfrutar un elevado número de mujeres -solo doncellas contó en su haber más de veinte- eso, sin contar muchas que ya no lo eran.
Esto le acarreó malas voluntades, que nunca le afectaron, pues se asegura -por parte de quienes lo conocieron- que algún “suegro” o “cuñado” inconforme lo esperaba emboscado para lavar la ofensa familiar. Aunque transitara por ese lugar, Salmerón, nunca era visto; o si se le veía, los agraviados repentinamente olvidaban su intención y solo le manifestaban un cordial: ¡Qué tal, don Isaías! ¡Que Dios lo lleve con bien! ... Y, hasta pasado el momento recuperaban el enojo que en realidad nunca llegaba a perjudicar al músico. (Juan Reynoso refiere que Salmerón “Se sabía algunas oraciones para conseguir lo que quería).
Sus principales obras: “Esperanza”, “Carmen”, “Amor”, “Viva Tlapehuala”, “No sean bobos”, “Traigo un sufrir en mi alma” y una pieza que puede calificarse de obertura: “El Célebre”, “Por qué has venido” (De los pocos gustos escritos en tono menor y que nos hace evocar a una pieza yucateca a ritmo de danza de características coincidentes) y muchas otras más, en varios renglones de la música regional, pues su obra incluye desde un sentido vals hasta un gusto o son, siempre con elevadas características barrocas.
JUAN BARTOLO TAVIRA. Autor indígena de elevada sensibilidad creativa. Nacido en Corral Falso, Municipio de Ajuchitlán del Progreso, Guerrero. Su mayor mérito es el haber dedicado su tiempo a la composición de sones de marcado gusto arcaico que bien lo pudieran proclamar como el genuino padre del son de la Tierra Caliente. Destacan de él: “El Maracumbé”, “La Tortolita” y, el interesantísimo son que describe un herradero: “El San Agustín” y muchos más. Su estilo sencillo, natural, primitivo y vigoroso que hacen sentir en sus sones el ambiente agresivo de la región en su época más cálida.
JOSÉ CORONA. Nativo de Huetamo, Michoacán, Maestro de música con elevados estudios en la especialidad. Su obra de alto mérito se centra en la composición de valses y polkas de excelente calidad constructiva de él son: “Belén”, “Pobre Flor”, “Ecos del Sur”, “Lucrecia” y otras grandes obras de mucho mérito.
J. SOCORRO GALVÁN. Nacido en Huetamo, Michoacán. Maestro de música cuya obra delicada en gusto, enorgullece a nuestra región, de él, es la polka “De Huetamo a Pachuca”.
LUIS ORTIZ. Posiblemente nacido en paso de Núñez, Municipio de Carácuaro, Michoacán, se le atribuye la letra del gusto “El pañuelo” y la canción “Angel de amor”. Compañero de Juan Reynoso. Guitarrista ejemplar, sobre todo para acompañar gustos y sones.
LUIS AGUIRRE PALACIO. Maestro de música, nacido en san Lucas, aunque consagró su obra a la enseñanza de música de orquesta, formó parte de diferentes grupos; autor de ingeniosos textos literarios y musicales, versos sueltos; compuso también gustos, sones, canciones rancheras, polkas, cumbias, y algunas piezas fúnebres especiales para sepelios. A él se debe el vals: “Noche de Insomnio”, “El collar”, pieza fúnebre, el gusto “La chicharrita” y muchas obras más.
J. JESÚS BAÑUELOS. Maestro de música, se disputan su nacimiento Santa Cruz de Villagómez, en el municipio de San Lucas Michoacán y Coyuca de Catalán, Guerrero, su obra fue tendiente a lo académico; de notoria sobriedad, elevada elegancia. Se recuerdan de él “Lamentos de un crudo”, “Esperanza” y “Felicidades”, pieza por excelencia considerada como la marcha nupcial de Tierra Caliente.
SEVERO JUÁREZ. Maestro de música, originario del estado de Guanajuato y avecindado en San Lucas. Cantor oficial del templo, hasta su muerte. Director de la Banda del lugar. Gran poeta y ejemplar músico e intérprete. De él: “El becerro” son bronco en arreglo para banda; “El paseo”, pieza fúnebre, “José Luis” (marcha) “Vamos, un café” (marcha), y un vasto repertorio que reflejó su preparación y madurez profesional dentro de todos los géneros: Danzón, Bolero, vals, cumbia, canciones rancheras, música fúnebre, entre otros. Hizo arreglos y escribía partituras para cada instrumento en la banda que él dirigía.
HERIBERTO PADILLA. Músico y autor popular, de gran repertorio sobre todo en gustos, sones y canciones rancheras de gusto eminentemente provinciano. Director del grupo musical de Tierra Caliente “Conjunto Carácuaro” actualmente radicado en la ciudad de México. De él se recuerda “Joven Divina” “El Sonso” (son), y otras de gran gusto tradicional.
J. ASCENCIÓN LUVIANO. Nacido en Huetamo, Michoacán. Interrumpió sus estudios en el seminario de Tacámbaro, y se integró a la vida bohemia. Su obra, aunque de arraigo popular, refleja un elevado misticismo y alta escuela, muy aparte de que es interesante oír cómo un ex seminarista canta con estilo popular, profanos versos de amor, que nuca abandonan el espíritu elevado en pretendida búsqueda de la perfección. De él, son las piezas “Serenata”, “Hasta cuando, primavera”, Tristes Recuerdos”, entre otras.
JUAN REYNOSO POTILLO. Nacido en el Ancón de Santo Domingo, Municipio de Coyuca de Catalán, Guerrero. Profesional de la música popular de Tierra Caliente; desde su infancia, discípulo y compañero de Isaías Salmerón; violinista al que acertadamente se le puede calificar de maestro, virtuoso en su ejecución y celoso conservador de las formas originales de las innumerables melodías que él guarda en su generosa memoria… ...Realmente, el repertorio habido en poder de Juan Reynoso, es ilimitado, ya que ejecuta desde una sencilla pieza popular, hasta una pieza húngara, francesa, un tango o bien una obertura: Conserva en su repertorio: “El Célebre” de Salmerón. Autor de valses, boleros, gustos y sones. Entre los gustos de Reynoso están: “Talita”, “Santo Domingo”, el vals “Marco Antonio” y sones “Mi guachito”, “Martín Santibáñez”; “El toro sin caporal” (recopilación); sones sin letra, los bolero “Caritina” y “Las flores que tú me diste”… De los auténticos defensores del folklore regional, Reynoso es el último exponente; fácilmente podría mencionar a Juan Reynoso como el último de los grandes que han sido: Salmerón, Bartolo y él. Recibió, de manos del Presidente de la República, el Premio Nacional de las Artes Populares en 1997.
CATALINO GALINDEZ. Nacido en Cuaulotitlán, Municipio de Tlalchapa, Guerrero. Prestigiado violinista y compositor de sones, gustos, pasodobles, marchas y vales. Inspirado trovador de coplas acompañadas a música de “indias”, “malagueñas” y “remas”.
BARDOMIANO FLORES. Llamado de cariño “”El bravito”, nacido en Tlapehuala, Guerrero. Es el violín su instrumento preferido y en el cual ha podido destacar con mayor destreza, toca varios más, de cuerda, ejecutando con ellos, piezas donde pone de manifiesto su maestría admirable.
EPIFANIO AVELLANEDA NAVA. Oriundo de Chumbítaro, Municipio de San Lucas, Michoacán. Reconocido como el mejor tamborero existente en las postrimerías del Siglo XX. Las combinaciones complicadas que ejecuta en la tamborita, con insistente uso de ritmos sincopados, lo ponen a la cabeza de los ejecutantes de ese difícil instrumento. De él sólo se conoce un Son sin letra, cuyo gusto constructivo a base de primitivas formas, integradas por contratiempos, bien pudieran hacer evocar el dicho popular que “De lo bueno, poco”.
FLORENCIO VALENTÍN ROJAS. Oriundo de San Juan Mina, Municipio de Tlapehuala, Guerrero. Guitarrista, excelente improvisador de versos de “malagueña” de “India” y de “Remas”, que son géneros propicios para insertarles versos improvisados o trovados. Su preparación autodidacta, le dio una visión realista y ampliamente filosófica. Reflexivo acerca de la naturaleza, y sus causas y consecuencias; de inteligencia sobresaliente y gran talento literario, su obra como poeta y músico se complementó, en colaboración con el maestro Juan Reynoso, de quien fue compañero hasta su muerte, escribiendo obras conjuntas, tales como: “Calentanita”, “San Cristóbal”, “San Lucas”, “Amatepec” gustos de exquisita sencillez que enmarcan en su descripción casi fotográfica los rasgos distintivos de cada pueblo al que le canta.
MAXIMINO REYNOSO NÁJERA: “Chimino”, inolvidable guitarrista y gran cantante de la música tradicional. Hijo de Juan Reynoso y compañero de él, desde niño hasta su temprana muerte. Aprendió de su padre, la forma genuina de acompañar en la guitarra el gusto, son y otras piezas de difícil hechura. Logró en su ejecución, “bajear” y llevar armonía simultáneamente con una limpieza y virtuosismo admirables. Su característica voz y su privilegiada memoria fueron gran apoyo a su padre. Desgraciadamente su partida prematura nos impide seguirlo escuchando.
SALOMÓN TRUJILLO MERCADO. Originario de Huetamo, Michoacán. Aunque ciego de nacimiento, las extraordinarias facultades con que la naturaleza compensó generosamente esa carencia, hicieron de él un genial músico. Ejecutó todos los instrumentos, y con mayor dominio, la guitarra, el saxofón y la batería en los cuales logró envidiable maestría. Formó parte de varios conjuntos, como solista, supliendo con su graciosa versatilidad a cualquiera de sus compañeros. Luis Aguirre refirió respecto a Salomón:
“..Una vez, cuando Stella Inda visitó San Lucas, Salo me pidió que anotara una melodía dedicada a aquella artista. Me dicto por solfeo, con toda propiedad musical, aquella pieza", lo que complementa aún más su consistencia como músico: Era verdadera autoridad en esta materia. Como guitarrista tenía un repertorio que incluía desde piezas regionales (canciones rancheras, valses, polkas, marchas, gustos y sones) en las cuales recreaba su sensibilidad y profundo amor por el terruño, hasta obras clásicas y populares del ámbito internacional. Como autor y aún como intérprete, poca difusión tuvo su obra, tal como sucede con lo artistas del pueblo, sin embargo, gracias a su prodigiosa retentiva se conocieron melodías que aprendió de niño. Compuso varias obras, de las cuales destacan “Pavita” (bolero) y el vals “Altagracia Masón”. Lamentablemente, su deceso (en 1982) marcó una irreparable pérdida para la música regional. |